jueves, 9 de julio de 2009

Sangre.

Tengo que evitar pensar "entre horas" y focalizarlo todo cuando escribo en este blog. Se me van las ideas.

También me he dado cuenta de que mucho de lo que escribo aquí trata sobre mi madre y no sé si es bueno o malo.

Tras una movida absurda con ella me he ido 2 días a casa de mi novia. Me podría haber quedado más pero me preocupa que mi madre necesite algo y me he vuelto a casa. Por qué? Es la persona que más daño me ha hecho, no soporto su voz y me cuesta aguantar su presencia. No lo hago por pena, si acaso miedo a remordimientos y culpabilidad o es que mi conciencia se vuelve más convincente con la edad. Sigo volviendo a casa a pesar de que se que lo voy a pasar mal y sigo aquí aunque se que el acceso a una buena convivencia y sobre todo a una mínima confianza es nulo. No quiero esperanza.

Los lazos de sangre son pesados e inconscientes pero ahí están.

1 comentario:

  1. No tener esperanza es grave, pero rechazarla.. lo es más. Creo que para no querer esperanza uno tiene que haberla perdido por completo. Sólo mientras tenemos un poquito de ella es cuando queremos más.
    No tener esperanza es triste, aunque puede que duela más tener poquita y que nos empuje a sentirnos idiotas continuamente.
    Yo creo que es mejor tener un poquito de esperanza, por muy idiota que nos haga sentir, a veces conseguimos cosas que compensan.

    ResponderEliminar